Relato de ficción.
Todos los días, al despertar, lo primero que hacía era abrir la llave y mojarse la cara con mucha agua. Después tomaba su suave toalla rosa, se secaba con delicadeza y se preparaba para el momento más feliz del día: mirar su rostro perfecto en el espejo.
Unos ojos color miel, tan expresivos que parecían un amanecer. Unas pestañas largas como alas, que la hacían volar en su imaginación. Una nariz respingada, la pareja perfecta para esos ojos. Unos dientes como perlas, que cualquiera envidiaría. Y unos labios rosados que, según quien la hubiera besado, eran los más suaves del mundo. Esa boca guardaba un sinfín de palabras amables que solo servían para esconder un odio inmenso hacia sí misma.
Siempre era lo mismo. Su familia, sus amigos, la gente que conocía cada día: nadie se cansaba de decirle lo hermosa que era. Lo que todos veían como un regalo, ella lo vivía como una maldición. ¿A qué más podía aspirar, si ya era perfecta? ¿Para qué esperar algo de la vida, si en vida ya pasaba un infierno?
Del otro lado
Pero yo no lo veía así. Yo sabía que podía hacer algo por ese rostro falsamente feliz.
La llevé frente al espejo y la vi como era en realidad: una cara llena de errores, de imperfecciones enormes. Y, riéndome por dentro, entendí que yo podía crear algo perfecto de verdad.
Si todo el mundo insistía en que era perfecta, la perfección tenía que existir. Solo había que encontrarla. Empecé por la sonrisa. Una sonrisa normal es demasiado pequeña para una cara. La quise más grande, más roja, más mía.
No sé cuánto tiempo pasó. Sé que cuando terminé, el lavabo estaba manchado y el espejo devolvía una sonrisa que no le pertenecía a nadie.
El despertar
En un momento de debilidad perdí el control, y ella despertó.
Se vio en el espejo y no lo pudo creer. Se tocó la cara con las manos temblorosas y empezó a llorar desesperada. Ya no reconocía a la persona del reflejo. Y para no tener que verla nunca más, cerró los ojos con tanta fuerza que juró no volver a abrirlos.
Entonces los llantos se acabaron. Recuperé el control. Mi parte débil se había ido para siempre y por fin solo quedaba yo.
No necesito mirarme. Sé que soy perfecta.
Sobre este relato
El espejo se mueve entre el terror psicológico y el tema del doble: la idea de que dentro de una persona conviven dos voces, y que una de ellas puede ganar. Es un recurso clásico de la literatura de terror, de William Wilson de Edgar Allan Poe a El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Si alguna vez la relación con tu imagen te causa un malestar que no puedes manejar, hablar con un profesional de la salud mental puede ayudar. No tienes que cargarlo solo.
¿Qué relato de terror psicológico te ha marcado? Cuéntanos en nuestra página de Facebook, donde publicamos una historia nueva cada día.


