Criminales que la historia recuerda como psicópatas (parte 2): Albert Fish, Isabel Báthory y Henry Lee Lucas

Un asesino de Nueva York delatado por su propia carta, una condesa húngara rodeada de leyendas y un hombre que confesó cientos de crímenes que no cometió. La segunda parte de la serie, con lo que es historia y lo que es mito.


Algunos criminales se vuelven leyenda, y la leyenda termina por tapar lo que realmente pasó. En esta segunda parte revisamos tres casos donde separar los hechos del mito es casi tan importante como los crímenes mismos.

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Albert Fish (1870–1936)

Nació en Washington como Hamilton Howard Fish y pasó parte de su infancia en un orfanato. Ante sus vecinos era un hombre mayor, amable y padre de seis hijos. Durante décadas, sin embargo, cometió abusos y crímenes contra niños en Nueva York y otras ciudades.

En 1928 se llevó con engaños a Grace Budd, una niña de diez años, y la asesinó. El caso quedó sin resolver durante seis años, hasta que Fish envió una carta anónima a la madre de la niña. La policía rastreó el sobre hasta él y lo detuvo en 1934. Fue declarado cuerdo, condenado y ejecutado en la prisión de Sing Sing en 1936.

Su caso se volvió referencia en la criminología por la distancia entre su apariencia inofensiva y lo que hacía en secreto.

Isabel Báthory (1560–1614)

Condesa de una de las familias más poderosas de Hungría. Entre 1590 y 1610 fue acusada, junto con varios sirvientes, de torturar y asesinar a decenas de jóvenes que trabajaban en sus castillos. Los testimonios hablan de cifras muy distintas, de decenas a cientos.

En 1610 fue arrestada y, sin un juicio formal, quedó encerrada en el castillo de Čachtice, en la actual Eslovaquia, hasta su muerte en 1614. Sus cómplices sí fueron juzgados y ejecutados.

Lo que es leyenda: la historia de que se bañaba en la sangre de sus víctimas para mantenerse joven no aparece en los documentos de su época; surgió en libros publicados más de un siglo después. Tampoco inventó la «doncella de hierro», un instrumento que probablemente nunca existió como se describe. Algunos historiadores sostienen incluso que las acusaciones pudieron estar infladas por intereses políticos y económicos sobre sus tierras.

Henry Lee Lucas (1936–2001)

Creció en la pobreza extrema en Virginia, en un ambiente de violencia. En 1960 mató a su madre y pasó una década en prisión. En los años setenta y ochenta recorrió Estados Unidos con Ottis Toole, otro delincuente.

Tras su arresto en 1983 empezó a confesar asesinatos: cientos de ellos. Durante un tiempo fue presentado como el peor asesino en serie de la historia. Pero en 1985 una investigación periodística demostró que muchas de esas confesiones eran imposibles: Lucas estaba en otro lugar cuando ocurrieron los crímenes. La policía le había dado detalles de casos sin resolver y él los repetía a cambio de un mejor trato.

Fue condenado por once homicidios. Su pena de muerte fue conmutada en 1998 por el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, por las dudas sobre ese caso concreto. Murió en prisión en 2001.

Su historia es una advertencia sobre las confesiones falsas y sobre cómo las autoridades pueden fabricar un monstruo más grande que el real.

Lo que deja esta serie

Seis casos, seis épocas. En algunos, el horror es indiscutible. En otros, la leyenda creció más que los hechos. Contar estas historias con cuidado, sin exagerar ni inventar, es también una forma de respeto a las víctimas.

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Fuentes: Albert Fish, Wikipedia · Elizabeth Báthory, Wikipedia · Henry Lee Lucas, Wikipedia · Psychopathy, Wikipedia

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Jesús Pérez

Siempre disfruto una buena historia de terror, biólogo con maestría en arte y amor por la obscuridad.

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